Servicio de lavandería y baños solidarios para inmigrantes

Una asociación de Zaragoza ofrece un servicio que, no por inusual, es menos necesario: lavadoras y baños a precios asequibles para personas con pocos recursos. Sus clientes más asiduos son los inmigrantes.

Una fila de bolsas con ropa espera su turno para la lavadora. Unos papeles cogidos con pinzas revelan sus dueños: Ahmed, Omar, Carmen, Hafid… En la sala contigua, un joven argelino recién salido de la ducha, se mira al espejo y se atusa el pelo. En el centro socio-asistencial de Agustina de Aragón 25, en pleno Casco Viejo de Zaragoza, las duchas cuestan el simbólico precio de 20 céntimos y las lavadoras, 75 céntimos.

Los inmigrantes son los principales beneficiarios de un servicio que nació hace más de siete años para la gente del barrio que tenía graves carencias en su vivienda. Las necesidades continúan; sólo han cambiado los usuarios. Carteles en español, francés, árabe, portugués y ruso se dirigen a los nuevos vecinos.

La idea nació de la Asociación de Vecinos Lanuza-Casco Viejo, en 1992. “Muchas viviendas no tenían algunas todavía no tienen baño ni posibilidad de instalar lavadoras, porque las tuberías estaban muy viejas. Presentamos una solicitud al Ayuntamiento para poner en marcha este servicio, pero entonces no interesó”, explica Teresa Iriarte, miembro de la asociación. Después se decidió crear una asociación privada con las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl que ponen el local y la parroquia del Portillo que aporta la financiación, y las duchas y lavadoras empezaron a funcionar en 1994.

En el centro trabajan tres personas contratadas y unos 25 voluntarios. “Al principio venían muchos españoles, algún gitano y bastantes portugueses. Después, muchas casas se han ido acondicionando y ha venido otra gente necesitada. En los últimos tres años, hemos vivido el “boom” de la inmigración, especialmente el año pasado”, cuenta la hermana Dativa, responsable del centro. En 1995, se pusieron 3.644 lavadoras y 2.429 personas utilizaron las duchas.

En 2001, fueron 6.100 lavadoras y 7.816 duchas. Ante esta avalancha, el espacio se ha quedado pequeño. La Asociación estudia la ampliación del local o la compra de uno nuevo y cuenta para ello con el apoyo del Ayuntamiento y el Gobierno de Aragón. El Consistorio aporta, desde hace tres años, la mitad del presupuesto. El centro se encuentra en uno de los puntos de mayor deterioro social y urbanístico de la ciudad. Unos metros más allá, siguen trabajando para derribar la casa que se cayó hace un mes, llevándose la vida del argelino Abmed Aïsa.

Hay solares, miseria, inmuebles en ruinas, otros en los que sobreviven hacinados. Más del 95% de los usuarios del centro son inmigrantes sobre todo, magrebíes; ellos son quienes sufren especialmente los problemas de vivienda.

“No papeles, no trabajo, no casa”, resume Fath, argelino de 20 años. Vive en casa de su hermana, que no tiene ducha, en la calle de Las Armas. Es un asiduo del centro de Agustina de Aragón. Otros compatriotas, Abdelkader y Kamel esperan su turno. Ellos sí tienen ducha, pero se les ha roto el calentador. En Agustina de Aragón, todos saben que tienen agua caliente y compañía.

El albergue municipal, pionero

Otros centros públicos y privados ofrecen servicios de duchas y ropero en la ciudad de Zaragoza, como el albergue municipal o el centro Alba, en San Pablo. El “boom” de la inmigración ha tenido su reflejo también en el aumento del número de usuarios de los recursos sociales. Los inmigrantes son un colectivo especialmente afectado por la exclusión, los problemas de acceso a la vivienda y falta de medios económicos.

El albergue municipal es uno de los centros pioneros. Aquí, el colectivo de inmigrantes ha sustituido a los clásicos vagabundos entre el perfil de usuarios. “El albergue se abrió en 1989, pero antes ya existía un servicio de higiene y duchas para transeúntes”, explica el director Gustavo García. El año pasado, 11.597 personas, la mayoría extranjeras, utilizaron el servicio de duchas del centro. Es un servicio gratuito para cualquier persona que lo necesite.

El centro proporciona toalla, jabón y los útiles necesarios para el aseo. La única restricción es la periodicidad. Los usuarios pueden ir a ducharse una vez cada cuatro días. El ropero es otro servicio muy demandado. El año pasado, se entregaron 18.235 prendas. Se puede recoger ropa interior cada 7 días y pantalones, cada 12.