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En la última década del siglo XIX y la primera del XX, mientras España se lamentaba de las derrotas coloniales, una burguesía catalana emprendedora, culta y cosmopolita, depositó su dinero en manos de unos genios que marcaron su estilo en la ciudad: Gaudí, Puig i Cadafalch, Doménech i Montaner, Casas, Rusiñol, Nonell, Mir, Homar, Busquets, Blay, Arnau y los hermanos Llimona, entre otros. La Lonja acoge desde hoy hasta el 27 de junio una exposición, con 90 obras, titulada La aventura modernista en las colecciones del MNAC patrocinada por la Caixa de Catalunya.

La cronología puede situarse entre 1891, año en que Casas y Rusiñol expusieron en la Sala Parés ante la incomprensión del público, y 1911, cuando el modernismo pasó de moda dinamitado desde dentro por artistas que crecieron en él y derivaron al Noucentismo, su reverso social, vuelta la mirada a los pobres y al clasicismo. En 1854 se habían derribado las murallas de Barcelona sobrepoblada por la demanda de la industria textil. Se abrió el Ensanche (Eixample) y se realizó la Gran Exposición Universal de 1888. La burguesía había reencontrado su identidad cultural en La Renaixença, recuperadora del esplendor medieval (el gótico) y la lengua literaria catalana.

El modernismo fue un movimiento exquisito, atrevido y efímero, identificado por esas curvas de golpe de látigo que imitaban las formas naturales en fachadas, estructuras, muebles y enseres. Todas las artes encajaron: arquitectura, pintura, dibujo y escultura, pero también marquetería, mobiliario, vidrio, forja, cerámica y joyería, entre otras.

La Lonja muestra 20 años de esplendor. Comienza con las artes decorativas: un pavimento de Doménech, otro de Gaudí, que el Ayuntamiento de Barcelona en los años 80 reprodujo en las aceras del Paseo de Gracia, un tirador de Jujol para La Pedrera, un colgador de Puig y Calafell… Las puertas de la Casa Batlló, de Gaudí, compradas por el Museo en los años 50 (en los años negros, en los que el modernismo se tenía como una cursilada), la reja de una ventana de la casa Milá. Se exponen algunos muebles y los dibujos de los ebanistas para sofás, camas, paragüeros…

Hay una unidad estilística inconfundible que luego no se da en la pintura y en escultura, donde aparecen los simbolistas, los posimpresionistas… Casas y Rusiñol pintaron “con ganas de pincelada” –señala la comisaria, Mercé Doñate–, “cuando aún en Barcelona se pintaban monaguillos, por seguir a Fortuny”. La serie de dibujos de Casas sobre escritores es una de las joyas de la muestra. Estos dibujos espolearon a Picasso para retratar a sus compañeros de Els Quatre Gats.

Había entre los modernistas un Círculo de San Lucas muy católico: Llimona, Clarasó, el propio Gaudí, que evitaban representar el desnudo, con una temática anecdótica sublimada. Pablo Gargallo tiene tres piezas con personalidad propia; Suñer, noucentista, influenciado por Cèzanne; Mir y Nonell descubrieron otras realidades que abrirían la puerta al joven Picasso. Hay también una colección de carteles que marcan los vectores de la época: los cabarés, las regatas, la aviacción. Fuente: EL PERIÓDICO DE ARAGÓN

2 Responses to “EL MODERNISMO EN LA LONJA.”

  1. Pues me parece muy interesante esta exposición. Me encanta toda esa época de ilustres genios. Además la arqutectura de Gaudí y discípulos me parece impresionante. Además de simbólica.

  2. Pues habrá que hacer un hueco e ir a esa exposicion

    Un saludo

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