INCIDENCIA SOCIOESPACIAL DEL MOVIMIENTO OKUPA EN LA CIUDAD DE ZARAGOZA DESDE FINALES DE LOS OCHENTA

Scripta Nova

REVISTA ELECTRÓNICA DE GEOGRAFÍA Y CIENCIAS SOCIALES
Universidad de Barcelona. ISSN: 1138-9788. Depósito Legal: B. 21.741-98
Vol. VII, núm. 146(107), 1 de agosto de 2003

Jorge Dieste Hernández
Ángel Pueyo Campos
Universidad de Zaragoza
Incidencia socioespacial del movimiento okupa en la ciudad de Zaragoza desde finales de los ochenta (Resumen)

El estudio del movimiento de okupación de viviendas en Zaragoza a través de sus formas de actuación y organización de los espacios okupados y autogestionados, constata la existencia de unos determinados cinturones asimétricos de especulación urbanística en torno al espacio central de la ciudad consolidada, desplazando al movimiento de okupación de viviendas hacia la última orla de especulación urbana en la ciudad de Zaragoza: Un ejemplo más de cómo la especulación inmobiliaria genera actuaciones socioespaciales no deseadas por la ciudadanía.

okupación de viviendas – especulación urbana – cinturones de especulación

Socio-spatial incidence of skatting movement in the city of Zaragoza from last Eighties (Abstract)

The study of the squatting movement in Zaragoza through its acting forms and the organization of the espacios okupados y autogestionados (squatted and self-determinated spaces) shows up the existence of some asimetric belts of urban speculation around the center in a consolidated city, which removes the squatting movement till the last urban speculation belt in Zaragoza. Just another example on how economic speculation creates unwilled (by the citizenship) actions on society and space.

Squatting – urban speculation – speculation belts

Las okupaciones de viviendas consisten en la apropiación de edificios abandonados para uso residencial, y son un exponente de las contradicciones existentes entre el derecho a la vivienda y la existencia de un potente mercado inmobiliario basado en la propiedad privada. En épocas recientes la ocupación de viviendas, conocida con el nombre anglosajón de «Squatting», fue una práctica ligada a los grupos sociales alternativos y muy extendida (desde las décadas de 1960 y 1970) en las áreas centrales de ciertas ciudades europeas, como Amsterdam y Berlín. La okupación suele producirse sobre edificios abandonados o infrautilizados, no exclusivamente residenciales, pues también afecta a locales industriales o de espectáculos; de modo preferente suele tratarse de personas con fuertes carencias residenciales o grupos de jóvenes radicales, que consideran esta actividad como una vía hacia una forma de vida alternativa y contestataria, y a los que se les denomina okupas.

En España, las primeras okupaciones de viviendas se asociaron a los movimientos vecinales de los últimos años del franquismo y afectaron de manera prioritaria a la vivienda de propiedad pública (Montjuïc en Barcelona y La Ventilla en Madrid). A partir de la década de 1980 el movimiento okupa adquiere un sesgo claramente juvenil y alternativo, suscitando reacciones muy diversas. En determinadas ocasiones y lugares se reprime con violencia, pero en otras zonas se adoptan posturas tolerantes, como es el caso de ciertos ayuntamientos vascos. Incluso algunas sentencias judiciales han relacionado el fenómeno con el derecho a la vivienda. En cualquier caso, el fenómeno se mantiene vivo y con una fuerte presencia en los medios de comunicación(Grupo Aduar, 2000).
Por otra parte el término Z.T.A. (Zonas Temporalmente Autónomas, T.A.Z., Temporary Autonomous Zones (Bey Hakim 1991,1999), se utilizará para definir espacios en los que se desarrollan las principales actividades de la vida en comuna, y/o determinadas acciones políticas, sociales, culturales, etc., pertenecientes a los movimientos autónomos anticapitalistas. Estos espacios se expanden por los diferentes países donde el movimiento autónomo anticapitalista tiene conciencia de sí mismo; sus núcleos fundamentales se localizan en Europa y Norteamérica, concretamente en grandes ciudades como, Berlín, Amsterdam, París, Londres, Barcelona, Roma, Nueva York, Los Ángeles, Montreal o Vancouver.

La mayor parte de estos espacios se engloban dentro de la cultura denominada DiY (Do it Yourself), traducido al castellano como Háztelo tu mismo/a, que se fundamenta en las teorías y realidades anarquistas; otros se basan en la cultura neomarxista, según objetivos ligados al reformismo y a la transformación del Estado y la sociedad capitalista. No obstante, la mayoría de estos espacios y especialmente aquellos que tienen una trayectoria más dilatada y que cuentan con un significativo número de residentes y desarrollan acciones que se incrustan en el tejido urbano se localizan en el centro norte europeo y en particular en el Reino Unido (Martinez, 2002).

En el Estado español, este tipo de espacios se localizan en casi todas las Comunidades Autónomas, generalmente en sus capitales de provincia, aunque la mayoría se asientan en ciudades con un cierto nivel de vida como Madrid, Barcelona, Valencia, Vitoria, Bilbao, Zaragoza, Vigo, A Coruña, Palma de Mallorca o Pamplona, aunque también se ubican en ciudades como Granada, Córdoba, Sevilla o Gijón.

En el caso particular de Zaragoza, el movimiento okupa, tiene una larga trayectoria, y vicisitudes, y ha sido uno de los pioneros en el estado español. La primera okupación se produjo a finales la década de los ochenta, en concreto en 1986 en el antiguo edificio del diario «Amanecer» de la calle Coso situada en el centro de Zaragoza; en un inmueble perteneciente al Estado y que llevaba diez años abandonado y fue realizada por diferentes colectivos como el equipo A, Estudiantes Anarquistas, y otros grupos de carácter libertario. La okupación duró trece días después de los cuales la policía desalojó el edificio sin incidentes, debido fundamentalmente a los problemas y al mal estado del edificio, la falta de idoneidad para residir, y las presiones por los intereses en la especulación inmobiliaria de la zona. Actualmente se sitúa un hotel de cuatro estrellas.

Anteriormente a esta okupación, que tenía el objetivo de crear un centro social, ya se habían producido a finales de los años setenta y primeros años de la década de los ochenta diversas okupaciones de parcelas en los barrios de La Jota, Oliver, Torrero y La Paz por parte de jóvenes familias con escasos ingresos económicos, con la finalidad de habitarlas y alojar a sus familias.

La okupación de un inmueble mejor documentada es la que protagonizó la pareja formada por A. Azcona Arroyo y A. Lalaguna Bernal, y su hijo. Esta joven pareja okupó en 1983 una parcela en el barrio de La Jota, en la calle María Virto, nº 23, perteneciente a la inmobiliaria «Obras y Construcciones Daman S.A.». La familia se preocupó por legalizar su situación tratando de negociar con la inmobiliaria en cuestión, informando de sus acciones tanto a ésta como a la prensa de la ciudad (donde fueron recogidas sus peticiones y acciones en diferentes ocasiones), al Ayuntamiento, al Gobierno civil, a la presidencia de la Diputación General de Aragón, al delegado especial de Hacienda en Aragón, a su SM D. Juan Carlos I de España, al Presidente del Gobierno de la nación, al Defensor del Pueblo y al Ministerio de Obras Publicas y Urbanismo. La pareja rehabilitó completamente la parcela que se encontraba en un avanzado proceso de ruina. (Azcona, 1989).

Las okupaciones de parcelas en otros barrios de la periferia de la ciudad, no están apenas documentados, sólo existen referencias verbales por parte del vecindario en donde se produjeron o por alguna referencia en los boletines de las asociaciones de barrio como la publicación de la Asociación de Vecinos Torrero La Paz, «El Barro» en sus nº 0 y 1 (Asociación de vecinos de Torrero, 1978; Asociación de vecinos Las Fuentes, 1983).

La siguiente okupación, llevada a cabo por la línea más autónoma del movimiento libertario, fue en la antigua estación ferroviaria de Utrillas en el barrio de Montemolín, cercana a la carretera nacional 232 con dirección a Castellón. El edificio, catalogado de interés arquitectónico desde 1986 por el ayuntamiento de Zaragoza, presentaba graves desperfectos y pertenencia a la inmobiliaria Valparaíso; la okupación se produjo el 9 de febrero de 1991. En esta ocasión fueron varios los grupos de jóvenes de ideología libertaria que se unieron para llevar a cabo esta okupación, constituyendo el Ateneo Libertario de Zaragoza, en el que se integraron grupos como el Equipo A, Estudiantes Anarquistas o el C.U.A.L. (Colectivo Universitario Autónomo Libertario), hoy todavía existente pero con una bajísima actividad, y el C.O.Z. (Colectivo de Okupas de Zaragoza), creado en 1989. La actividad desarrollada en la estación ferroviaria de Utrillas fue muy intensa, rehabilitándose gran parte del edificio. No obstante los okupas se encontraron con graves problemas: por un lado, un inmueble inmenso, demasiado grande para poder rehabilitarlo por completo; y por otro, su localización periférica del centro urbano y de los otros centros alternativos, bares o lugares de reunión utilizados hasta ese momento. Además, la presión policial y de la inmobiliaria propietaria del edificio aumentó de forma creciente. Su uso exclusivo para actividades, sin okupación como espacio residencial propició robos, destrozos y gamberradas, especialmente en el verano de 1991. Es por ello, y ante la posibilidad de trasladarse a otra ubicación más céntrica, por lo que se decidió abandonar la okupación, no sin antes haber realizado un gran número de actividades y recuperar como C.S.O.A. (Centro Social Okupado Autogestionado) gran parte del edificio.

Por otra parte, grupos de carácter ecologista y pacifista como el colectivo Black Zulú, C.O.A. (Colectivo de Objeción y Antimilitarismo), el M.O.C. (Movimiento de Objeción de Conciencia), la Cruz Roja Democrática, Arcoiris, Ecofontaneros, Gays y Lesbianas de Aragón y otros con amplias vinculaciones a grupos de izquierda como el MC (movimiento comunista), habían okupado de manera pacífica en marzo de 1987 en el centro de Zaragoza (Paseo Sagasta); un inmueble perteneciente al INSALUD que llevaba 37 años abandonado y deshabitado. Se trataba de un pequeño chalet construido en 1919 perteneciente al modelo de arquitectura ecléctica, el último que quedaba en el Paseo Sagasta y que, en su día, constituyo uno de los elementos fundamentales en la configuración urbanística de la ciudad.

En la actualidad este paseo ha sufrido los avatares de la especulación inmobiliaria más feroz privando a la ciudadanía de importantes elementos arquitectónicos y artísticos de las dos últimas centurias, eludiendo las leyes de Patrimonio y del Suelo, y con la insensibilidad de las administraciones públicas hacia la conservación y revitalización del patrimonio.

Inicialmente la okupación, que se llamaría La Casa de la Paz, es apoyada por personajes ilustres de la política aragonesa como Emilio Gastón (quien sería después Justicia de Aragón), José Antonio Labordeta (en la actualidad representante en el congreso de los diputados de C.H.A.), Mercedes Gallizo (destacada miembro del P.S.O.E. aragonés), y además, se legaliza como asociación cultural ante la Delegación del Gobierno representando al C.S.O.A.. A pesar de ello, el uso de este espacio por estos colectivos es cada vez menor, lo que se acentúa como consecuencia del fracaso obtenido en el referéndum para la integración de España en la O.T.A.N. ya que el espacio se había okupado como espacio desde donde gestionar y coordinar a grupos para la lucha ecologista, y antimilitarista. Esto supuso que la gestión de este inmueble fuese asumida por el Ateneo Libertario de Zaragoza, revitalizandose el número de actividades.

En el C.S.O.A, trabajaran diferentes colectivos especializados en múltiples problemáticas: el Ateneo Libertario de Zaragoza, que es el grupo más numeroso y de mayor actividad; el C.A.M.P.I. Aragón, colectivo antimilitarista pro insumisión, con una labor especifica a favor de la insumisión al servicio militar obligatorio; Ruda colectivo de ámbito feminista; Mala Raza (creado en 1992, funciona como distribuidora de material, libros, fanzines, discos…), la Cooperativa (colectivo que se dedica a realizar un fanzine y otras actividades); Rebel (colectivo de carácter trotskista surgido de diversas escisiones del antiguo MC, y de liberación); Gays y Lesbianas de Aragón, etc. Todos ellos conforman la asamblea de la Casa de la Paz que se reúne de manera periódica y aborda los diferentes temas que afectan al C.S.O.A.: reparto de días para realizar actividades, coordinación, reparaciones e infraestructuras. Cada colectivo tiene su espacio dentro del C.S.O.A.. La Casa de la Paz ha sido la okupación más importante, duradera y más fuerte que ha existido hasta el momento en Zaragoza. (Colectivo de okupas de La Casa de la Paz, 1987,1988, 1993; Colectivo Kontra corriente, 1993).

El desalojo de esta okupación se produce después de seis años, el jueves 23 de diciembre de 1993, coincidiendo con otros desalojos de importantes okupaciones en el ámbito estatal, como el Kasal popular de Valencia o Minuesa en Madrid, entre las que existe un alto de grado de coordinación y comunicación. (Okupantes de Minuesa, 1991; Asamblea Kasal Popular de Valencia, 1993; Asamblea de cruz verde, 1995; Bilbo Zaharreko Gaztetxea, 1995).

A pesar de la confrontación, movilizaciones y altercados durante varias semanas, la coordinación de los poderes públicos, policía municipal, nacional, Ministerio de Justicia y Ayuntamiento es muy estrecha favoreciendo el desalojo. Inmediatamente después se produce una okupación de un día en un inmueble de Torrero perteneciente al obispado, que se abandona por sus reducidas dimensiones.

En enero de 1994 se okupa durante una semana, por parte de los colectivos de La Casa de la Paz, el antiguo Colegio de San Agustín, propiedad del Ayuntamiento. Situado en la calle del mismo nombre, a la altura de los números 19-21, en el barrio de La Magdalena, y ubicado en el casco histórico de la ciudad, caracterizado por su alto índice de gentrificación social, infravivienda y marginación urbanosocial (Dieste, 2001). Este colegio ya había sido okupado en 1991 por la Asociación de Vecinos Lanuza Casco Viejo, con el fin de utilizarlo como centro social y que el Ayuntamiento se había comprometido a financiar. Los vecinos hartos de esperar esta financiación lo abandonaron sin que el Ayuntamiento diera una utilidad pública a este espacio, a la espera de declararlo en ruinas.

El 25 de mayo de 1996, día que entra en vigor el nuevo código penal en el cual, la okupación pasa a ser considerada delito y no falta, se lleva a cabo la reokupación de este espacio. En este momento la asamblea de okupas no cuenta con las mismas personas que realizaron las okupaciones de Utrillas o de la Casa de la Paz, por lo que su capacidad política y de gestión es mucho más débil. El desalojo, realizado cinco días más tarde, por las fuerzas de orden público es violento e incluso vejatorio, cuenta con el apoyo del vecindario a los okupas que se enfrentan a la policía. En este desalojo se aplicarían estrategias de resistencia utilizadas con éxito en otras ciudades que permitieron una mayor defensa a las cargas policiales. Ante la situación creada intervendrá el Justicia de Aragón, llegándose a un acuerdo por el cual los okupas no serán detenidos, abandonarán el recinto sin denuncia alguna de la policía y el compromiso de obtener un local destinado a centro social y la rehabilitación del espacio de San Agustín como equipamiento para el barrio. A fecha de hoy, el solar se utiliza como vertedero, dedicándose al tráfico y consumo de drogas.

Este desalojo supondrá un duro golpe para el movimiento okupa, creándose discrepancias entre diversos colectivos, crisis ideológicas y mínimo desarrollo de actividades. Desde el C.S.O.A. La Casa de la Paz no se ha conseguido mantener un espacio okupado más de una semana, con lo cual las actividades de los colectivos se han visto notablemente perjudicadas, así como los ánimos y moral de las personas pertenecientes al movimiento okupa de Zaragoza.

A pesar de todo unas cien personas del movimiento de okupación, en proceso de renovación, decide okupar el 1 de mayo de 1998 la llamada Casa del Río, otra antigua escuela situada en la ribera izquierda del Ebro. El edificio, que se encuentra en la calle Camino del Vado, se encuentra abandonado y es frecuentado habitualmente por yonquies, por su fácil acceso y proximidad a una zona de venta y tráfico de drogas. La okupación dura una semana y será desalojada por la policía tras unas treinta identificaciones.

Como respuesta a este desalojo, el colectivo, decide okupar un inmueble inmediatamente, pero sin el objetivo de perdurar mucho tiempo en él mismo y siguiendo la misma estrategia que ya se llevó a cabo después del desalojo del C.S.O.A. Casa de la Paz. Entre el 5 y 12 de junio de 1998 se okupan unas antiguas viviendas anexas a varias naves industriales de finales de siglo XIX que se encuentran situadas en la avenida de Cataluña, números 21 y 23.

Finalmente, el 11 de Marzo de 2000 se produce la del centro social MIJU en la calle Río Guadalope número dos en el barrio desde la Almozara, una antigua fábrica y carpintería de aluminio abandonadas desde hacia veinte años. Esta okupación fue promovida por un colectivo de barrio como es K.A.L.A. (Kolectivo Alternativo L´Almozara), el cuál había sido desahuciado de sus locales en fechas anteriores y compartió el espacio con inmigrantes que no participan en las actividades del C.S.O.A. por su situación de ilegalidad en España y el miedo a la deportación a sus países de origen. A su vez, en la misma calle Río Guadalope, en el número nueve, se encontraban las instalaciones del Club Ozanam que funcionaban como club social para un millar de ancianos y eran gestionados por la fundación Bernardino Montañés. Estas instalaciones, al igual que las naves del C.S.O.A. Miju, pertenecían a la inmobiliaria Espuelas y también se encontraban okupadas.
En este caso, el interés del Ayuntamiento de mantener las actividades del colectivo de tercera edad hasta la inauguración de una nuevo centro cultural, favoreció las negociaciones para el mantenimiento del Club, así como la defensa de sus derechos frente a la inmobiliaria por la intervención de partidos políticos como el P.S.O.E. o C.H.A., o del teniente de alcalde de participación ciudadana Octavio Lopez del PP. Por el contrario, se negaron los contactos y negociaciones con el C.S.O.A. Miju. Esta situación evidenciaba las carencias de locales sociales por parte del Ayuntamiento, las posibilidades de la autogestión vecinal, y la doble postura entre las administraciones públicas ante la okupación por parte de diferentes colectivos.

Durante el periodo de tiempo que fue okupado el centro social autogestionado Miju, se realizaron variadas actividades (conciertos, teatro, perfomances, exposiciones, audiciones…) y se rehabilitó gran parte del edificio, recuperándose un espacio para el desarrollo en comunidad, y la participación de la juventud en una zona en ese momento olvidada por el Ayuntamiento. El centro social okupado autogestionado Miju fue abandonado por sus okupantes en marzo de 2001, ante la certeza de su próximo desalojo y la negativa por parte de la asamblea de realizar una oposición no violenta al desalojo del mismo. En esta decisión influyeron las posibles detenciones, la represión y criminalización del movimiento okupa, la incomprensión por gran parte de la ciudadanía, y la falta de apoyos sociales. Se pensaba más en el futuro y en la gestión de nuevos proyectos, así como en la valoración y aplicación de nuevos caminos en el movimiento de okupación de viviendas.

Posteriormente se okupó en el populoso barrio de las Delicias una antigua fábrica de zapatos y las viviendas de los trabajadores de la misma. Actualmente, por discrepancias entre sus okupantes no funciona como C.S.O.A. y su uso es exclusivamente residencial, viviendo en ella seis personas sin una participación ni actividad política alguna, ni relación con el movimiento de okupación existente en Zaragoza.

Aproximadamente en las mismas fechas, se vuelve a okupar un piso, en el edificio donde el sindicato C.N.T. mantiene dos pisos okupados desde la década de los ochenta en el barrio de San José. Estos pisos amenazados de ruina fueron abandonados por el peligro que implicaba residir en ellos. (El patrimonio histórico de la CNT-AIT, 1982).

El sábado 10 de junio de 2001 se okupa una casa de dos plantas, que llevaba abandonada 20 años, en el barrio de Las Fuentes en la calle Figueras nº 25, y en la que se pretendía crear una casa de barrio. Propiedad de la familia del ex-concejal socialista de la ciudad, José Luis Comín es desalojada por la policía local el mismo día de la okupación. Después de estos últimos intentos, se han modificado las estrategias o modelos de okupación en la ciudad en los dos últimos años. Aprovechando la okupación esporádica, realizando actividades concretas y abandonando el espacio «a posteriori». Estas nuevas tácticas siguen los principios enunciados por Hakin Bey, T.A.Z. ( Bey Hakin, 1996) y puestas en práctica por colectivos okupas de Europa y EE.UU. así como grupos de jóvenes con fines lúdicos -realización de fiestas raves, música tecno, etc-. El nuevo modelo se desarrolla preferentemente en el espacio más exterior de la ciudad, que se ha definido como tercer cinturón de especulación de la ciudad, y en el que conviven inmigrantes en situación irregular y jóvenes okupas.

Actualmente no existen presiones ni intentos de desalojo por parte de las autoridades publicas al no presentarse denuncias por parte de los propietarios, aunque el futuro de estos espacios, como C.S.O.A, es incierto ya que su estado actual y las expectativas inmobiliarias no permiten un uso completo y seguro de los edificios. Se necesitarían fuertes inversiones económicas, materiales y humanas que el colectivo no va a afrontar, entre otras razones por considerarlo un espacio no apropiado a sus necesidades.

A su vez, existen otras formas de okupación de viviendas en la ciudad con la única finalidad de uso como vivienda y no como C.S.O.A.: son las que se localizan en el casco histórico de la ciudad (barrio de San Pablo), o en la periferia como en el barrio de Jesús, La Jota, o Miralbueno, normalmente en las áreas más degradadas urbanística y socialmente. Muchas de estas están okupadas por familias de raza gitana, inmigrantes irregulares, familias con rentas por debajo del umbral de la pobreza, o individuos desarraigados.

Se puede afirmar que el movimiento de okupación en Zaragoza pasó en sus primeros años por ser uno de los más punteros dentro del Estado español, pero debido a la presión especulativa y el consiguiente desarrollo urbanístico de la ciudad se ha visto restringido y acosado, desarrollando otras actividades similares a las de otras ciudades.

En la actualidad se prevé un incremento del fenómeno okupa de viviendas, tanto en su vertiente más social destinada a C.S.O.A., como residencial, dados los procesos de expansión, abandono de viviendas, el suelo urbano, así como a la situación de precariedad económica de algunos grupos sociales, especialmente jóvenes e inmigrantes irregulares. Este crecimiento no sólo se producirá en la ciudad de Zaragoza, sino también en el conjunto del territorio estatal, y en especial en las ciudades con mayores costos en el precio del suelo, mayor tradición social, pudiendo abocar en figuras de legalización de estos espacios, siguiendo modelos similares a los que existen en algunas ciudades alemanas suizas, holandesas o italianas.

Tendencias espaciales del movimiento de
okupación en Zaragoza desde los años ochenta

La localización de las actividades del movimiento okupa de Zaragoza responde más a las posibilidades de éxito en la continuidad en el tiempo del espacio okupado que a factores funcionales de localización geográfica. Dependen en gran medida de los intereses urbanos y especulativos de las grandes constructoras e inmobiliarias de la ciudad, así como a las políticas represivas del Ayuntamiento y el Gobierno Civil.

Igualmente en el colectivo de okupas, frente a la necesidad de un espacio físico de unas generosas dimensiones para la realización del C.S.O.A., se busca la interacción social con los vecinos del barrio. Esto determina que el espacio utilizado, su emplazamiento y situación hayan ido evolucionando y cambiando en el tiempo en la ciudad. Para poder comprender estas ubicaciones se ha acotado la ciudad en tres espacios o cinturones asimétricos, cuyos límites y dimensiones responden a los datos obtenidos en esta investigación relacionando el valor del metro cuadrado de suelo urbano edificado de cara a la venta pública a particulares; de este indicador se obtienen los cinturones de especulación inmobiliaria de la ciudad. Se puede advertir fácilmente que el espacio perteneciente al centro del casco histórico, y los barrios de la ciudad en donde se produce una mayor actividad de los sectores terciario y cuaternario –que llegaría hasta la Universidad de Zaragoza o zonas residenciales de clases medias altas como sería la zona del Paseo Ruiseñores o el polígono universidad.

El segundo cinturón abarcaría la mayoría de los barrios populares como son Delicias, Las Fuentes, San José o Torrero. La tercera y última área correspondería a los barrios de reciente formación urbanística o en desarrollo, espacios mal comunicados con graves problemas sociourbanísticos, barrios en polígonos industriales, etc.

De acuerdo a esta clasificación del espacio urbano, se puede observar como la presión urbana y especulativa en la ciudad, apoyada por las políticas urbanísticas desarrolladas por las diferentes corporaciones municipales ha favorecido el desplazamiento del movimiento okupa hacia la segunda orla en detrimento del centro. El primer cinturón, solo acogió una okupación con éxito que fue la Casa de la Paz, y que situada en el Paseo Sagasta perduró durante siete años aproximadamente. La explicación lógica del por qué esta okupación se mantuvo tanto tiempo en el centro de la ciudad responde al momento sociopolítico que vivía el país, en el que los procesos de especulación inmobiliaria no eran tan intensos en el centro consolidado, y en el que la okupación de viviendas no esta casi penada legalmente. Se trataba de un fenómeno relativamente nuevo ya que habían existido okupaciones de viviendas por parte de particulares y asociaciones de barrio, pero no con el sentido y/o estilo del movimiento okupa proveniente de Europa y heredero de la tradición libertaria ibérica -los movimientos sociales eran mucho más fuertes, una democracia española dando pasos cautos hacia su consolidación definitiva, y con el país empezando a salir de una grandísima crisis económica. Los grandes partidos de izquierda se encuentraban más cercanos a sus bases dando a éstas una cierta cobertura política y social en la calle, y con una ciudad en plena expansión hacia la periferia con importantes actuaciones como Romareda, Bombarda, La Almozara o Actur. Por ello, la okupación de un edificio en pleno centro de Zaragoza para la realización de actividades vinculadas a las luchas sociales de calle por colectivos no directamente vinculados, pero sí con una misma raíz o afinidad ideológica dentro del ámbito de la izquierda se veía con buenos ojos por parte de amplios sectores progresistas aragoneses.

No obstante una vez que la democracia se encontró completamente asentada, ante los retos internacionales a los que se enfrentaba el país, el aumento de la especulación por el espacio central de la ciudad y la entrada en vigor de nuevas políticas y medidas de carácter urbano, así como el desarrollo, crecimiento y coordinación del movimiento okupa favoreció el desalojo violento de C.S.O.A. en todas las grandes ciudades españolas, como fue el caso de La Casa Okupada de la Paz. La presencia de este equipamiento social favoreció una corriente ciudadana que evitó la permuta de estos terrenos para la construcción de viviendas de lujo y la edificación de un centro de asistencia sanitaria en una zona con escasa dotación pública.

El otro intento de okupación dentro del primer cinturón es el que se produjo en el barrio de la Magdalena, en el colegio San Agustín. Su breve duración no ha permitido evaluar su repercusión dentro del barrio, y sólo sirvió como denuncia de la situación de especulación urbana y abandono que ha vivido y vive el casco histórico de la ciudad.

Es en el segundo cinturón, donde se han realizado la mayoría de las okupaciones, destacándose el C.S.O.A. Miju, con una duración de sus actividades de más de dos años. Este hecho marcó un precedente, al crear centros sociales autogestionados de barrio que hasta entonces no se había llevado a cabo en la ciudad, lo que supuso otra etapa de evolución dentro del movimiento de okupación con sus repercusiones espaciales en una ciudad de tamaño medio como es Zaragoza.

Los factores que explican parte del cambio hacia esta nueva etapa serían el brutal aumento de la especulación inmobiliaria, la falta de espacios y actividades para los jóvenes de los barrios por parte de las instituciones publicas – habría que recordar el fracaso de la política de Casas de Juventud llevada a cabo por el Ayuntamiento de Zaragoza, que llevó a la intervención de los tribunales, el crecimiento del movimiento okupa y su diversificación, y el desarrollo urbano de la ciudad aplicado no solo a su centro sino al conjunto de los barrios consolidados Hay que reseñar la introducción en el movimiento okupa de nuevas tendencias aplicadas con éxito en Madrid y Barcelona, provenientes una vez más, del núcleo fuerte del movimiento de okupación europeo, consistentes en la creación de espacios okupados populares en diferentes barrios de la ciudad con una alta coordinación pero atendiendo a las particulares necesidades de los habitantes de cada zona residencial.

El movimiento de okupación pasa a tratar las diferentes áreas de la ciudad como espacios diferenciados donde actuar; no es sólo el centro el lugar de actuación para denunciar sus reclamaciones y llevar a cabo actividades, sino también el conjunto de los barrios en donde reside gran parte de la población más proclive a estos movimientos libertarios. Es este concepto y los otros factores ya enunciados los que llevan a un colectivo de barrio a la creación de un C.S.O.A. Estas nuevas formulas de okupación tienen más éxito en ciudades en donde los colectivos han arraigado con más fuerza, con apoyos institucionales, de otros colectivos y en los que las políticas represivas no fueron, en su inicio, tan drásticas: serían los casos de Madrid, Barcelona, Valencia y Bilbao.

A primera vista el tamaño de Zaragoza se aproxima al ideal para este tipo de okupaciones, pero el número de personas dentro del movimiento okupa no es muy elevado ni se encuentran distribuidos de manera uniforme como para favorecer la existencia de C.S.O.A. por toda la ciudad. Actualmente el movimiento de okupación dirige sus acciones hacia la tercera orla con ciertas posibilidades de expansión por el deterioro cada vez mayor de estos espacios, el crecimiento de la ciudad hacia el Sur, el aumento de la presión inmobiliaria en el centro de la ciudad, y la mayor disponibilidad de espacios de cierto tamaño para la realización de actividades por los grupos libertarios de okupación. Se entra de esta manera en una nueva etapa del movimiento de okupación, manteniendo contacto con el resto del grueso del movimiento de okupación de viviendas del Estado, y de la Unión Europea. Debido a los fuertes crecimientos urbanos y la futura degradación de los barrios obreros de los años setenta, la creciente contestación por parte de los grupos más jóvenes que ven cómo se encuentran con un futuro más incierto, y la incorporación de importantes grupos de inmigrantes que empiezan a ser segregados social y espacialmente, los colectivos okupas tanto residencial como centros de actividad a través de los C.S.O.A. van a estar más presentes en la mayoría de las grandes ciudades españolas. Esto va a suponer una relectura crítica de las políticas urbanas y de especulación inmobiliaria de las ciudades españolas actuando y okupando espacios para su transformación en C.S.O.A., reinventándose a sí mismo y a sus formas o métodos de actuación, e incluso recuperando de nuevo espacios culturales y barrios tradicionales frente a la marginalidad a la que se ha llegado en los últimos años.

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© Copyright Jorge Dieste Hernández y Angel Pueyo Campos, 2003
© Copyright Scripta Nova, 2003

Ficha bibliográfica:
DIESTE, J. y PUEYO, A. Incidencia socioespacial del movimiento okupa en la ciudad de Zaragoza desde finales de los ochenta. Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales. Barcelona: Universidad de Barcelona, 1 de agosto de 2003, vol. VII, núm. 146(107). <http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-146(107).htm> [ISSN: 1138-9788]